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La Altagracia, República Dominicana.- Durante la homilía en honor a la Virgen de la Altagracia, el obispo de la diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia, Monseñor Jesús Castro Marte, dirigió un firme mensaje a la clase política y administrativa del país. Ante la presencia de altas autoridades y una multitud de feligreses en la Basílica de Higüey, el prelado enfatizó que la función pública debe ser entendida estrictamente como una vocación de servicio y no como un medio para el enriquecimiento ilícito o el beneficio personal a costa de los recursos del Estado.
El obispo subrayó que los servidores públicos tienen el deber moral de entregarse a la nación con honestidad y absoluta transparencia, recordando que el manejo de los fondos colectivos exige una integridad a toda prueba. En sus palabras, Castro Marte aclaró que esta exigencia de ética no se limita únicamente al sector gubernamental, sino que se extiende a los profesionales de todas las áreas, al sector empresarial y a la propia Iglesia, instituciones que deben dar testimonio de sus valores no solo con discursos, sino con hechos tangibles.
Para el líder religioso, la misión fundamental de quien ocupa un puesto en el Estado es procurar el bien general y proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad. Insistió en que la pulcritud en la gestión administrativa es el único camino para combatir los vicios de la corrupción y el afán desmedido de lucro que históricamente han afectado el desarrollo del país. En ese sentido, exhortó a los empleados públicos a trabajar incansablemente por la reducción de la pobreza, manteniendo siempre un apego estricto a los principios éticos y humanos que deben regir la vida en sociedad.
Haciendo una analogía con la figura de la Virgen María, Monseñor Castro Marte definió las coordenadas de la función pública bajo los conceptos de servicio y bien común, cualidades que resumen el sacrificio y la abnegación necesarios para el progreso nacional. Según su visión, alejarse de estos principios constituye una traición a la confianza depositada por el pueblo en sus representantes.
Finalmente, el obispo manifestó su preocupación por el clima de inseguridad y la falta de respeto a la autoridad que se percibe en las calles dominicanas. Criticó las acciones de aquellos ciudadanos que, al desafiar las leyes, provocan luto y vergüenza a través de delitos, atracos y la imprudencia en el tránsito que deriva en constantes accidentes. Concluyó haciendo un llamado a la reflexión colectiva para restaurar el orden y la paz social mediante el cumplimiento de las normas vigentes.


